La colección de imágenes que se muestran a continuación son fruto del trabajo de estudiantes del Grado en Biomedicina Básica y Experimental de la Universidad de Sevilla en el curso académico 2023-2024, durante su investigación sobre el tema «Actualización en Vacunas» que se ha realizado para la asignatura de Inmunología de 2º de grado.

Figura 1: En el póster que se observa a continuación se resume la información que se tratará en las siguientes imágenes sobre las vacunas. Primero, con respecto a su definición, mencionamos que  su función original es la prevención de futuras infecciones o incluso erradicarlas, y para ello se basaban en el uso de microorganismos completos atenuados o inactivados, o fragmentos de ellos para inducir una respuesta inmune adquirida, específica y duradera, mediante la memoria inmunológica, frente a dicho organismo. Por tanto, estamos ante una inmunización activa donde el elemento esencial son los determinantes antigénicos.

Figura 2: Comenzando con los tipos de vacunas, las primeras que se deben mencionar son aquellas que conocemos como vacunas clásicas, son tres fundamentalmente, las vacunas vivas atenuadas, las inactivadas y las de subunidades. Todas ellas poseen ventajas y fueron una revolución en su momento, pero también tienen considerables inconvenientes por los que se han investigado nuevas vacunas que evitan dichas desventajas, como la posible reversión a la patogenicidad de las vacunas vivas atenuadas.

Figura 3: Actualmente disponemos de nuevas vacunas gracias a los avances en la biología molecular, especialmente a la tecnología del ADN recombinante. En esta imagen vemos representadas solamente tres de ellas. Con esta nueva generación se pretende generar vacunas más seguras que proporcionen respuestas eficaces. Cabe mencionar que las vacunas atenuadas mediante modificación genética se encuentran en fase experimental.

 

Figura 4: En esta imagen se representan las 3 vacunas restantes de la nueva generación. En las vacunas comestibles además de las plantas transgénicas, se están explorando vacunas comestibles en animales genéticamente modificados. Por ejemplo, se ha desarrollado un «pez vacuna» que produce una proteína inmunizante contra la hepatitis B en sus tejidos musculares, pero debe ser consumido crudo para evitar la destrucción de las proteínas.

 

Figura 5: Para la prevención de infecciones respiratorias por virus y bacterias, como la gripe o la tuberculosis, se utilizan vacunas con las cepas atenuadas del patógeno. Lo mismo ocurre en el caso de los herpesvirus o de la bacteria entérica vibrio cholerae. Sin embargo, existen otro tipo de infecciones entéricas para las que no existe vacuna, un ejemplo de ello es la disentería bacilar.

Figura 6: Siguiendo con las distintas vacunas para las enfermedades infecciosas tenemos 2 ejemplos muy importantes: los virus de la hepatitis y el VIH. Por un lado, existen vacunas eficaces para la hepatitis A, B y E, las cuales se han logrado mediante cepas inactivadas y recombinadas, mientras que para la hepatitis E no se ha conseguido encontrar alguna vacuna eficaz. Por otro lado, para la fase I y II de la infección por VIH existen resultados prometedores en vacunas génicas, recombinantes y peptídicas. Esto no ocurre en la fase III, debido a la gran capacidad evasiva del virus sobre el sistema inmune gracias a su ataque frente a los linfocitos Th.

 

Figura 7: Para terminar con las vacunas en enfermedades infecciosas hablaremos de: Plasmodium sp., Leishmania sp., micosis y ETS, de las cuales ninguna posee una vacuna comercial exitosa. Para plasmodium no existe aún vacuna comercial debido a sus +5000 antígenos diferentes que lo hacen un patógeno con una gran variabilidad genética, al igual que ocurre con Leishmania sp. En el caso de las micosis, la dificultad reside en la complejidad de su genoma al tratarse de organismos eucariotas. En ETS como gonorrea o clamidia se está tratando de sobrepasar su complejo ciclo de vida, variabilidad antigénica y su evasión del sistema inmune para lograr una vacuna eficaz.

Figura 8: Además de las vacunas convencionalmente conocidas, encontramos las vacunas terapéuticas, administradas cuando ya se ha contraído la enfermedad en cuestión, en este caso, el cáncer.
La estrategia que intentan llevar a cabo estas vacunas es estimular la respuesta inmune contra el peligro ya existente. Para ello, hay distintas estrategias.

Desde la administración de células tumorales (portadoras de antígenos extraños) o células dendríticas propias activadas in vitro contra antígenos tumorales, hasta otros conceptos más comunes en el mundo vacunal, como la introducción de antígenos tumorales o genes que codifiquen a los anteriores.

Un ejemplo de vacuna ya comercializada contra el cáncer, concretamente, de próstata, es una vacuna basada en células dendríticas, sipuleucel-T.

 

Figura 9: Otros ejemplos de vacunas terapéuticas o inmunoterapia, serían las alergias y las enfermedades autoinmunes. En ambos casos, aunque mediante diferentes mecanismos fisiológicos, se pretende alcanzar la tolerancia del antígeno administrado.

En el caso de la alergia, se administran pequeñas cantidades de alérgeno periódicamente, durante 4 o 5 años, con la esperanza de que los linfocitos B específicos cambien de isotipo a IgG, que no provoca la degranulación de mastocitos como la IgE.

Por otro lado, en el caso de las enfermedades autoinmunes, se administra el autoantígeno atacado, pero modificado, por ejemplo, añadiendo una glucosamina, haciendo que, de esta manera, no sea inmunogénico e induzca tolerancia en lugar de respuesta al ser reconocido.

Figura 10: Finalmente, he aquí algunos de los objetivos de la investigación dentro del mundo vacunal de cara al futuro. Encontramos desde búsqueda de mejora en la vehiculización de la sustancia inmunogénica, como la microencapsulación, hasta la adición de sustancias que pueden suplir una falta de inmunogenicidad como los adyuvantes, o incluso las vacunas mixtas, que administran dosis de distintos tipos de vacunas para conseguir la máxima efectividad.
Además, se destaca el desarrollo de las vacunas contra varios patógenos a la vez, para minimizar el número de dosis y conseguir la máxima cobertura de patógenos.
Por otro lado, la inmunización de la mucosa está en el punto de mira de la investigación, ya que, además de suponer una gran superficie en el organismo, es la vía por la que entran la mayoría de patógenos. En esta, destaca la producción de Ig A.